La ignorancia del futbol II

De vez en cuando, cuando hay tiempo, me meto a curiosear las estadisticas del blog. Cuantos me visitan, de donde, y como llegan aqui.

Hoy, revisando las busquedas de Google por las cuales la gente ha llegado a mi Blog, encuentro que alguien cayó por aqui buscando las palabras “Caricho Guzmán”, que, hasta hace un rato, pensaba yo que era una forma rara que tenía mi abuelo de decir “caracho!”.

En fin, revisando esta búsqueda, a ver si alguien más tenía un abuelo que decía esta frase, o si en alguna provincia era típico decirla, encontré que “Caricho Guzmán” es en realidad el apodo y el apellido de un jugador de fútbol del “Echa Muni”, o Deportivo Municipal, segun leo:

un 10 fuera de serie, habilísimo, que se salió de Alianza Lima, donde no le daban oportunidad a pesar que era al natural reemplazante del veterano y enfermo Alejandro Villanueva, quien se retiró en 1942 y murió dos años después ¡a los 36 años de edad! Como sería de bueno aquel equipo del Muni que al Sport Boys le ganó 3-0 en el último partido del torneo.” (Fuente: Crónica viva).

Yo que estaba cansado de los papelones futbolisticos. En fin, cada dia una novedad.

Pasadas las fiestas

Luego de un rico y merecido descanso, pesan como adoquines las sabanas para levantarse a las 5.30 e ir a trabajar.

Pero a pesar de todo, logré levantarme temprano.

Pero a pesar de eso, llegué tarde al trabajo.

Pero, maldicion, yo iba a escribir sobre el fin de semana, no sobre porqué llegué tarde hoy al trabajo.

En fin, no se si una prematura vejez llega a nuestras puertas, pero Sonia y yo hemos pasado unos días tranquilos y reparadores.

Luego de dormir prácticamente el Domingo entero, de noche salimos a hacer las compras del mes, y fue riquísimo: Las calles vacías, nada de tráfico, los supermercados con poquísima gente (Todos mayores, y sólo una pareja de nuestro vuelo también con su listita en la mano), las cajas sin cola. Compramos lo que quisimos, miramos tiendas, y a casa sin tráfico por la Av. Fauccet, algo inverosímil.

El Lunes 28 decidimos ir a casa de unos amigos a ¡cocinar! entre todos y engullirnos un peruanisimo Lomo Saltado y su Causita de entrada. Dos cervezas, un vino, helados, y a mirar por cable una película animada. fue una tarde amena y bonita de conversar y comer y conversar y comer y comer.

Y ayer Martes, caminar por la calle, salir a comer fuera, e ir juntitos y del brazo a pasear por el parque (y de paso buscar un alquiler porque queremos mudarnos).

En fin, fue un fin de semana relajado y algo aletargado. Y lo que digo del prematuro avejentamiento lo sospechaba desde antes, cuando nos conocimos hace casi 6 años, y pasábamos los Sábados en la noche comiendo cereal y leche chocolatada, mientras toda la gente de nuestra edad se deshacía bailando en algún antro. Ha de ser nuestra forma de querernos. Salimos de vez en cuando, si, pero en general prefiero abrazarla en casa y mirarla a los ojos fijamente, hasta quedarme dormido.

¿Que será?.

La ignorancia del futbol

Yo soy un tipo al que el futbol le importa un pepino descompuesto. Esto da lugar a ciertas situaciones algo vergonzosas, ante la abrumadora mayoría que es adicta a sufrir y malograrse el hígado viendo jugar a nuestra selección.

Así pues, esto me pasó anoche en casa de un amigo:

Clonpi: Y… ¿viste el partido ayer?…

S: Este… el partido fue anteayer…

(Silencio incomodo)

Clonpi: Ah…

Y hoy, vine al trabajo pensando escribir esto a la hora del almuerzo. Y quería buscar en Google una imagen ilustrativa del partido que perdió nuestra selección.

Clonpi: … Oye Nilton, ¿contra quién perdimos 6 a 0?

N: (Mirándome con cara de lástima, supongo, porque trabajo de espaldas a él y no lo estaba viendo) Contra Uruguay…

(Otro silencio incómodo)

Clonpi: Gracias…

Creo que desde ahora me quedaré con todas las dudas, y no preguntaré nada referente a este decadente deporte.

Desde el puerto

En la huerta

Este es el segundo día que estoy en Chimbote. Aprovechando el feriado largo (autoimpuesto porque pedí permiso en la oficina para faltar hoy sábado), hemos venido a pasar unos días y celebrar el cumpleaños de la Mamá de Sonia.

Son días de relajarse y mirar un mar que no es el de mi querido Ancón, desde el balcón de la casa de sus padres. Días de pasear y ver su carita emocionada sonreirme al tiempo que intenta hacerme un tour por el centro de su ciudad: El vivero al que ayer llegamos tarde, una hora de buscar una panadería. Nos divertimos mucho, o al menos eso sentí yo, que el mundo se desvanecía y lejos muy lejos quedaban las preocupaciones y los expedientes que me enloquecerán una vez que vuelva a pisar suelo limeño.

Pero hoy no, hoy hemos ido de mercado y Ella se ha dedicado, junto con su Mamá, a condimentar toda la rica carne para la peruanísima pachamanca mas espectacular de la historia…

—-

Esta entrada fue interrumpida el día sábado 17 que la estaba escribiendo por una ineludible llamada a almorzar. Y como en el norte peruano se come riquísimo, pues no me resistí, ni siquiera lo intenté. Ahora estoy de vuelta en Ancón, en medio del trabajo y un frío terrible, más quise dejar constancia de nuestra visita ese otro puerto, que vió nacer a mi amada y al que espero ahora volver a ver pronto.

En realidad es una foto de la comida del día siguiente, pero digan si no se ve delicioso...

Comunicacion… sin emoción

Ayer pasó algo que no sé si sabré explicar por un medio escrito como éste, pero que me pareció bastante interesante, respecto a nuestra forma de comunicarnos.

La situación fue ésta: Iba a tomar un colectivo, el cobrador iba gritando a una velocidad de 100 palabras por minuto aproximadamente, llego yo y le hago dos gestos, primero le enseño 5 dedos y luego señalo con el índice hacia la dirección en que iba el colectivo (traducción: “oe, una china acá nomas pe’…”), a lo que él respondió “sube barrio”.

Me subí en el asiento al lado del chofer, de manera que el cobrador quedó fuera de mi rango visual, al poco tiempo lo escucho decir “pasajes”, entonces tomo una moneda y la levanto sobre mi cabeza, sin voltear siquiera a verlo, al tiempo que digo “toma”. Pasaron menos de cinco segundos y lo escucho decir “ya suelta”. Suelto la moneda y no la escucho caer al suelo, así que asumo que ya la cogió. Al poco rato me bajo y sigo mi camino.

Si me preguntaran en este momento cómo era el cobrador, diría que no lo sé. Todo esto sucedió sin que lo viera a la cara, por tanto no tengo ninguna imagen en este recuerdo, sólo la situación.

Caminando luego por las calles, pensaba en lo extraña que es nuestra forma de comunicarnos muchas veces.

Hace poco leí en un artículo que a todo buen peruano le gusta el ají, lo cual me convierte automáticamente en un mal peruano. Ahora pienso: Peruano que no ha subido a una combi en su vida, no ha vivido realmente en Perú.

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